* Juan *
Invadiste mi historia de puntillas
sin aldabón ni voz que te anunciaran,
sin laúdes que alegres perturbaran
mi vida tan callada y tan sencilla.
Tus ojos, como lámparas de arcilla,
dejé que mi penumbra iluminaran
y que tus dulces versos me elevaran
a las esferas donde el sol más brilla.
Aunque pude, no quise entretenerte
que el miedo me aclaró el entendimiento
y me asustó la idea de quererte.
Y ahora que ya es tarde lo lamento
pues sé que ante las puertas de la muerte
tu recuerdo irá en mi pensamiento.
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