martes, 22 de mayo de 2012

Juan

* Juan *

Invadiste mi historia de puntillas
sin aldabón ni voz que te anunciaran,
sin laúdes que alegres perturbaran
mi vida tan callada y tan sencilla.

Tus ojos, como lámparas de arcilla,
dejé que mi penumbra iluminaran
y que tus dulces versos me elevaran
a las esferas donde el sol más brilla.

Aunque pude, no quise entretenerte
que el miedo me aclaró el entendimiento
y me asustó la idea de quererte.

Y ahora que ya es tarde lo lamento
pues sé que ante las puertas de la muerte
tu recuerdo irá en mi pensamiento.

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