* Alma *
Me encuentro de repente vagando por un espacio luminoso y desconocido. ¡Vaya por Dios, he vuelto a perderme! Recordaba que a mi marido le preocupaba enormemente que saliera sola. “¿Llevas el móvil?”, me decía a grito pelado. Yo solía contestarle “con las de Caín”: ¡Sí, “mein Fhürer”! Y salía pitando no fuera a llegar otra orden de último minuto.
Y toda esa desconfianza y precaución eran comprensibles, pues más de una vez había subido a un autobús equivocado y, recientemente, un día me encontré caminando por un pueblo cercano a mi ciudad sin saber dónde rayos estaba mi casa.
A partir de ese día mi vida fue un infierno. No me dejaban ir sola a ningún sitio. ¡Vaya pelmazos! Un día se me encendió una luz, cosa rara en mí pues andaba casi siempre a media vela. Yo había visto una película preciosa, “El guardaespaldas”, y solicité vehementemente algo así para mí. A mi tribu le pareció una buena idea, aunque creo que la idea, idea correcta, no la pillaron del todo.
A los pocos días apareció en casa una mujercita de aspecto dulce y protector. Mi marido y mi hija me la presentaron con sonrisas que les llegaban de oreja a oreja. “Mira, Alma, esta señora se llama Dulce y desde hoy va a ser tu compañera de paseos”, me dijo mi marido hecho una jalea. ¡Pero bueno!, pensé yo mientra sonreía también a la concurrencia. ¡Esta gente me quiere tomar el pelo! Yo creía haber dejado bien claro que quería algo como el “buenorro” de la película y no aquel merengue tostadito que me habían traído.
No dije ni una palabra, pero cuando la señora se fue, despidiéndose con un cantarín “¡Hasta mañana, Alma!”, exploté, argumenté, grité y protesté todo lo imaginable pero sin resultado. Dulce se quedó entre nosotros y la verdad es que llegué a cogerle cariño, pues tengo que admitir que me prestaba una ayuda cada día más necesaria para mí, incluso en intimidades que jamás le habría permitido al “buenorro”.
Una noche me ayudó a acostarme, como siempre, y me dijo un cariñoso “¡dulces sueños!”, como tenía por costumbre. Yo me dormí y acabo de despertar ahora en un espacio desconocido y sin Dulce a mi lado. Pero, ¿sabéis una cosa? Tengo un nuevo sentimiento dentro, muy dentro de mí. Y algo me dice que es la Libertad. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario