* Atardecer *
Cae la tarde.
El día se va diluyendo en un cielo azul acuoso, donde una algarabía de dorados, rosas y malvas danzan hacia poniente. Pequeñas nubes grises tratan de interrumpir el baile pero no lo consiguen. Los colores se estiran, se encogen, se alargan, rodean las nubes y vuelven a estirarse siguiendo al sol que, ajeno a todo, no detiene su marcha inexorable hacia el oeste.
El campo se transforma. Encinas, olivos y castaños cambian sus tonos verdes por un gris indefinido y al contraluz del crepúsculo recortan sus formas hasta en sus más pequeños detalles.
Abajo, el agua del pantano repite toda la belleza de sus orillas como si de un espejo se tratara. Hay un silencio especial. Parece como si todas las criaturas del entorno detuvieran sus quehaceres y permanecieran alertas a la transformación del día en noche. Dura apenas unos minutos y no quieren perderse un detalle.
Yo estoy a la orilla del pantano contemplando el espectáculo, sobrecogida y fascinada. Es mi sierra. Es mi tierra de Huelva. Es mi querido planeta Tierra, mi maravilloso planeta herido y lastimado continuamente por la locura y la codicia de sus hijos. Me siento en total armonía con él y pienso que no puedo ofrecer una oración mejor a nuestro Creador. |
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