martes, 8 de mayo de 2012

El recuerdo es una forma del olvido

* El recuerdo es una forma del olvido *

          Cuando encontré esta frase en una novela leída recientemente me pareció tan extraña que di marcha atrás en la lectura y volví a empezar el párrafo en cuestión. No cabía duda de que había leído bien. Pero seguía sin entenderlo. Una rareza de la autora, me dije a mi misma y seguí con mi libro. De todos modos la frase me intrigó y le dí algunas vueltas durante un tiempo.

          Acabada la novela pensé que yo hubiera deseado haber sabido escribir una obra como aquella, pues era completamente “mía”. La autora había trazado una historia, posiblemente bastante autobiográfica, a partir de un cúmulo de recuerdos, sentimientos, sabores y olores de su pasado que, al traerlos de nuevo a su memoria y desmenuzarlos delicada y amorosamente, le ayudaban a conocerse mejor así como a comprender, disculpar y amar más profundamente a las personas que formaron su familia y su entorno social.

          Pienso que cuando yo escribo un relato en el que trato de poner sobre el papel mis más queridos recuerdos de infancia y juventud, es para mí un amoroso ejercicio de memoria en el que intento recuperar y, a la vez disfrutar de nuevo, aquellas vivencias que en su día me hicieron tan feliz.

          Y aquí me asalta de repente una idea. ¿Fueron en realidad tan hermosos aquellos momentos o es que el olvido, siempre piadoso, nos borra de la mente las partes negativas y solo nos deja las positivas? ¿Será que en nuestras edades tempranas no es que todo sea color de rosa sino que todos los colores del arco iris brillan para nosotros con mayor intensidad?

          Después de un fuerte ejercicio de reflexión he llegado a comprender la frase que me tuvo intrigada durante tanto tiempo y que de repente se me vuelve clara como la luz del día: “El recuerdo es una forma del olvido”. ¿Quién querría recordar fielmente la tensión que se padecía ante un examen? ¿Quién disfrutaría con la angustia y el malestar de estómago que produce un fracaso amoroso? ¿Quién sería feliz recordando aquella noche terrible en que se perdió a un ser querido, o el frío que se pasó ante las puertas de un quirófano? Y así podría seguir enumerando un sin fin de circunstancias adversas que pueden darse en la vida de cualquier ser humano.

          En cambio, ¡qué hermosos los días de vacaciones disfrutando de lugares y momentos mágicos! ¡Qué azules estaban el cielo y el mar y qué claro y definido nuestro horizonte! ¿Nunca hubo una nube en aquellos paisajes tan queridos? ¿Nunca un contratiempo nos amargó la vida?


          Yo estoy ahora convencida de que sí hubo cosas negativas que nos hicieron daño y que nuestra mente no quiere recordar. Por eso, el olvido nos permite conservar esas pinceladas de felicidad y también nos permite que, con el paso de los años, las veamos cada vez más hermosas y deleitables.

          “El recuerdo es una forma del olvido”. Ya no me queda la menor duda.

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