* Relatos de la jungla *
Amaba a aquella leona desde que eran cachorros. La recordaba recién nacida, apenas abiertos los ojos, como un ovillo de lana suave y esponjoso, y con una mancha blanca en la frente en forma de estrella. De ahí le vino su nombre.
Él pertenecía a una camada anterior y era hijo de una hermana de la madre de Estrella. Los dos crecieron juntos y su amistad se fue haciendo más y más fuerte. Gustaban de pasear por la jungla cuando al atardecer todo respira paz y armonía.
Llegó la adolescencia y la amistad dio paso a otro sentimiento más fuerte: el amor. Pero en esta etapa llegaron también los problemas. Él era un macho y por tanto debía abandonar la manada y buscarse su propio territorio. Ella era hija de la leona dominante, por lo que su rango en el grupo era muy alto.
El joven león se alejó con tristeza, pensando: “Cruzaré al otro lado del valle, conquistaré mi propio territorio y luego volveré a buscar a Estrella. Puedo hacerlo. Tendremos nuestra propia manada y seremos muy felices”.
Nuestro amigo trabajó de firme para hacerse valer e imponerse como el dueño absoluto de aquella parte de la jungla, y pasados dos años decidió que ya estaba preparado para ir a buscar a Estrella y criar su primera camada.
Volvió por tanto al lugar de su nacimiento y con cautela trató de acercarse a sus antiguos amigos. Vio a Estrella y corrió a su lado, pero antes de llegar oyó un rugido espantoso que lo dejó paralizado. Hacia él, rebosando adrenalina, corría un macho de hermosa melena y colmillos largos y afilados, que con ojos de odio y un aliento abrasador le gritó amenazante: “¿A dónde vas, intruso? ¡No se te ocurra ni mirar a mis leonas porque te va la vida en ello!”.
Nuestro joven león no estaba preparado para aquel recibimiento, así que agachando la cabeza se fue por donde había venido. Antes de bajar al valle se volvió y le pareció ver a Estrella presumiendo y coqueteando descaradamente con el gran macho dominante. Se dijo a sí mismo que habría sido bonito lograr su sueño, pero por lo menos lo había intentado. Su vida era demasiado preciosa para perderla en plena juventud por plantar cara a un enemigo, a todas luces mucho más fuerte que él. Ya tendría tiempo de encontrar su pareja y de empezar a formar su propia manada.
Hasta entonces, estaba dispuesto a disfrutar de la vida y de aquel paraíso donde había sido creado. |
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