* El adiós *
El curso 2011-12 toca su fin.
Cuando comenzó, teníamos el problema de carecer de un profesor para la clase, pero por mediación de una compañera, Ángel llegó hasta nosotros.
Se presentó diciendo que no quería plantear el curso como clases, puesto que él no era profesor. Sería un pequeño grupo literario del que él mismo formaría parte, actuando de moderador y aportando sus propias creaciones literarias. (Este último punto se suspendió al poco tiempo).
Aquel planteamiento era muy distinto a lo que yo esperaba, pero me animó la idea de que seguiríamos escribiendo, aprendiendo y disfrutando juntos de la literatura. Y así fue.
Trabajar con Ángel ha sido una experiencia distinta a lo que yo había hecho antes. En los temas propuestos para desarrollar, además de existir la libertad de creación, he tenido el placer de traer a la memoria hechos acaecidos en mi pasado más pasado y más querido y de escribir sobre ellos minuciosamente, poniendo en el relato todo mi amor. Y creo que así hemos hecho todos.
De este modo, nuestro moderador ha podido conocer algo de las ideas que rondan por nuestras cabezas, como también parte de nuestros más íntimos sentimientos.
Yo he dado en pensar que a Ángel le interesa conocer a qué clase de conclusiones llegamos las personas mayores una vez asentadas y cribadas con el paso de los años las experiencias de la vida.
¿Es simplemente una curiosidad de estudioso del alma humana o encuentra en esta información una utilidad posterior? Nunca lo sabremos, pues aunque él se vaya sabiendo algo de nosotros, nosotros sabemos de él tanto como el día que le conocimos. Pero esto no me importa en absoluto. Todo el mundo dice que a las personas mayores nos encanta hablar de nosotros mismos sin que nos interese mucho lo que piensan nuestros interlocutores. ¿Será cierto?
Ahí le dejo a Ángel esa incógnita para su propia reflexión.
En cualquier caso, ha sido un curso ameno y distinto en el que nuestro moderador también nos ha aportado cosas de sus propios conocimientos sobre ese universo extraño y desconocido para mí, del que nada sé, nada afirmo y nada niego, es decir , “el Universo de la Duda”.
Vaya con mi adiós, mi agradecimiento por su trabajo y su tiempo empleado con nosotros y mis deseos de que siempre sea capaz de conseguir ese equilibrio mental que en el fondo todos buscamos, en mi caso sin mucho éxito. |
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