* Impronta *
Cae la tarde sobre la playa. El día ha sido espléndido.
Una pareja joven, saciados de sol y de amor, paladean golosamente un helado. Entre mordisco y mordisco, beso y beso. Los ojos van de la golosina a los ojos del otro, y ríen felices. Un aura mágica e impalpable les rodea y les baña de luz.
Un poco alejado de ellos hay un tercer personaje que les mira fijamente. Está tenso, expectante, envidioso de tanta dicha, y su mirada algo triste parece decir: “¿Por qué no puedo yo tener eso? ¡Lo deseo tanto…!” La chica sale de su éxtasis amoroso y mira en esa dirección. Su alma comprende, y compasiva se acerca, corta un trozo de su helado y se lo ofrece sonriente. Él lo engulle con avidez y, agradecido, agita el rabo y brinca feliz sobre la blanca arena.
El sol, vestido de oro cobrizo, sigue su camino hacia Portugal. |
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