* Apunte para un “ballet” *
Verano.
La mañana va deslizando sus horas sobre el bosque. Hace calor.
Sentada en el borde de un arroyo, Ondina seca sus cabellos con ramas de helecho y madreselva silvestre. Lo hace lentamente, recreándose en su belleza. Con un gracioso gesto de cabeza, lanza aquella cascada de oro sobre su blanca espalda y, perezosamente, se alza del suelo.
Busca con la mirada las pequeñas flores con las que se adorna, las va recogiendo con delicadeza y las prende entre las finas hebras de seda dorada que rodean su rostro. Vuelve al arroyo y hunde sus ojos de agua en la corriente, que le devuelve su imagen. Sonríe satisfecha. Ya está preparada para el encuentro.
Se interna en el bosque y parece que sus pies no tocan la suave hierba, húmeda aún por el rocío de la madrugada. Es como una mariposa que vuela feliz e inconsciente de su propia existencia. Espera algo o a alguien.
El bosque está fresco y sombreado. Avanza sigilosa, y al llegar a un claro en la espesura, justo al lado de un pequeño manantial, descubre al ser que está buscando. Es su Fauno.
Está recostado sobre un codo, y una de sus manos juega voluptuosamente con el agua que, entre sus dedos, se va derramando como las perlas de un collar. Él la presiente antes de verla y se gira muy despacio queriendo retrasar el momento del encuentro para hacerlo aún más deseable. Ella se acerca, deslumbrante en su blancura, se recuesta a su lado y, amorosamente, le rodea con sus brazos.
El ardiente sol del verano llega a su cénit. En el bosque todo es silencio. Sólo las hojas de los árboles, acariciadas por el viento, susurran un preludio de Debussy. |
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