* Cielo y Tierra * El sol se está acercando a su cenit. Las piedras de la rivera se tornan amarillentas y el agua, a tramos, casi desaparece fundida con el resplandor. Los verdes de las huertas parecen apagados, vencidos por la luz que todo lo deslumbra.
Manuel, azadón en mano, está cavando una acequia y el sudor le gotea frente abajo. Se quita su sombrero de palma, compañero inseparable, y se seca la cara y el cuello. Decide refrescarse y agachándose hacia el agua, hunde en ella sus manos y brazos con deleite.
Se dirige al chamizo que le sirve de refugio y saca una vieja petaca. Enciende su cigarro y espera. Sabe que de un momento a otro sonarán campanas. El Ángelus. Y prepara su mente para, igual que hizo el ángel, saludar él también a La Señora. |
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